Hacia la modernización del INE

Una dimensión de la reforma constitucional y legal de 2014, que suele relegarse a un segundo plano, está constituida por dispositivos que transforman significativamente la estructura del Instituto Nacional Electoral (INE). El legislador no pretendía un simple cambio de nombre. La conversión del otrora Instituto Federal Electoral (IFE) en autoridad nacional, implica la reconversión de sus estructuras administrativas, procedimientos y mecanismos de gestión interna. Es perceptible, incluso, un incentivo transformador de los paradigmas con los que se solía analizar las opciones institucionales y el modo de intervención de estructuras y funcionarios para su realización.
El antiguo IFE se constituyó como una estructura administrativa tradicional, departamentalizada. Al contar con personal altamente calificado, construyó fortalezas que, sin embargo, encontraban su límite en la escasa cooperación de sus áreas orgánicas y departamentos, aún de los que se encontraban integrados en una misma dirección. Las estructuras importan, pues en este como en muchos otros casos de la administración pública tradicional, se generan tendencias a la introspección, a “mirarse el ombligo”, que limitan la contribución de cada departamento a los esfuerzos institucionales; los aportes se generan simplemente por agregación y de modo vertical.
Quizás los nuevos desafíos institucionales que enfrenta el INE para el debido cumplimiento de sus atribuciones ampliadas, puedan ser resueltos de mejor manera mediante el impulso al trabajo cooperativo y, en donde sea posible, a la flexibilidad estructural que favorezca la multifuncionalidad y polivalencia, como se ha experimentado con relativo éxito en algunos tramos de la estructura de la Unidad Técnica de Fiscalización.  El impulso a la horizontalidad enriquece los esfuerzos que cada funcionario electoral suele realizar de manera aislada, fortalece los trabajos y contribuye a la capacidad adaptativa de la institución ante el siempre cambiante entorno electoral.
En cuanto concluya el proceso electoral, que se encuentra ya en su fase jurisdiccional y de emisión de dictámenes y resoluciones en materia de fiscalización, cada área orgánica procederá a la evaluación de su quehacer. Creo necesario convertir este sano proceder institucional en una oportunidad para que la reflexión sobre cada uno de los quehaceres no se agote en las áreas mismas, segmentándose, sino que guarde relación con un horizonte más amplio. Es importante que ello se articule con una amplia deliberación interna sobre el rumbo estratégico del INE; los ajustes que deben hacerse para que su conversión en autoridad nacional no se traduzca en la inercial creación de más departamentos; los paradigmas administrativos que debemos emplear para evitar que las visiones centralistas se sobrepongan a las necesidades reales y pertinentes del personal de campo, particularmente las juntas distritales; los conceptos fundamentales que permitirán al INE asumir una función nacional sin atropellar o pasar por alto la dinámica de las entidades federativas… En fin, los nuevos tiempos y facultades exigen la  construcción de nuevas visiones, para conjurar el riesgo de que la saturación y diversidad de nuevas tareas nos lleva a incumplir nuestras obligaciones constitucionales y legales o bien a realizarlas de manera poco eficaz y eficiente.
Me parece que, para ello, habrá que fortalecer los mecanismos de planeación institucional actualmente vigentes y convertirlos en un factor de transformación. En lo inmediato, considero que deberemos integrar y hacer armónica la planeación de los quehaceres propios de las áreas con la programación y presupuestación, sobre bases más horizontales y cooperativas. Los acuerdos que se tomen sobre el rumbo estratégico, nos permitirán definir las líneas generales del Plan Estratégico Institucional 2016-2025, así como los temas y proyectos estratégicos que nos permitan diseñar esa nueva Instituciónque cumpla cabalmente con las funciones encomendadasen la Constitución y en las leyes que la rigen.
Todo esto alude a nuevos enfoques, estructuras y procedimientos, a un proceso de consolidación, adecuación y modernización.  La modernización administrativa, que debiera ser una actividad permanente, tal vez permita retomar lo mejor de la institución que le precedió y al mismo tiempo proyectar al INE hacia el porvenir.

*Consejero Electoral del INE/
Profesor UAM-I
@jsc_santiago
http://www.javiersantiagocastillo.com

Vía: La Crónica de Hoy

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