Disparos en la oscuridad

2017-12-28

Los disparos de la palabra en la oscuridad emiten fuertes destellos, iluminan lo desconocido cubierto por las sombras de la noche del tiempo. Las verdades históricas pueden tener ese impacto social cuando son difundidas. Pero, cuando la historia y la literatura se amalgaman la imaginación vuela, manteniendo siempre el sabor de lo creíble en lo inverosímil.
Disparos en la obscuridad es una novela escrita por Fabricio Mejía Madrid, trata de la vida de Gustavo Díaz Ordaz. La adquirí hace algunos años, es la primera edición de 2011. La leí apenas este diciembre. Lo hice realmente por curiosidad histórica. Pensé ¿quién recodará a este ex presidente? Que yo sepa no se le rinden homenajes públicos, ni siquiera por los miembros de su partido. Aún después de la muerte sigue siendo un solitario, como lo fue en vida.
Detrás de la ficción literaria permea en las páginas del libro un rosario de anécdotas poco conocidas. El autor construye el perfil psicológico del personaje presidencial partiendo de dos perspectivas, desde la óptica freudiana (eso creo): “la infancia es destino” y de la vida profesional y política, que fue moldeada en una lógica de ejercicio del poder autoritario de la clase política recién salida del horno de la Revolución de 1910.
La novela discurre en dos compases del tiempo. Los últimos días de su vida y el pasado, que es presente sobre todo cuando el remordimiento perfora la soledad de la vejez aderezada con una enfermedad terminal y la lejanía del poder. Ese juego del tiempo es manejado con soltura.
Eso permite ver el deslizamiento del personaje desde la infancia del desarraigo, oaxaqueño de nacimiento y poblano gracias a un acta de nacimiento falsa, aunado a las frustraciones por no aceptar su aspecto físico, llegando al extremo de no aceptar la decoración con espejos. Las otras facetas del tiempo eran la depresión de la senectud y la vivacidad en la actuación cuando se trataba de someter al otro, que, en sus prolongadas andanzas políticas, generalmente fueron los marginados. Desde darle validez jurídica a actas que daban fe de falsas asambleas ejidales o sindicales, hasta ordenar la represión a sangre y fuego de una multitud inerme.
Por la recreación del autor también deambulan, al menos, dos de sus amores Guadalupe Borja e Irma Serrano “la Tigresa”. Pero en este espacio fijaré la atención en el otro aspecto de su personalidad forjado en el ejercicio del poder, acompañando a otros, Maximino Ávila Camacho, quien inició al párvulo estudiante de derecho en la sumisión hacia el superior y en la soberbia al ejercer el poder y; Gonzalo Bautista maestro de la intriga y la secrecía en los juegos palaciegos, quien al final se equivocó al apoyar un candidato presidencial ajeno al partido hegemónico.
El otro personaje esencial fue sin duda Adolfo López Mateos, la figura antípoda, al que fue sumiso cuando eran pares, en el Senado, mucho más cuando el primero fue presidente. Aquí uno se pregunta si la herencia de la presidencia se debió a que, desde que eran senadores, Díaz Ordaz siempre tenía a mano aspirinas para ofrecerle a López Mateos o por el control político ejercido por el Secretario de Gobernación.
Por lo que haya sido nos encontramos ante la historia de un personaje que ejerció el poder presidencial durante doce años, ya sea por ausencias del presidente o por ser el presidente. Las palabras vertidas a lo largo del texto dibujan el lado oscuro de su personalidad; queda una certeza, esa era la esencia de su faceta en la vida pública. Por otra parte, queda una duda ¿tendría otra faceta?
Hablando de personalidades complejas. Cuentan los biógrafos de Hitler, que él adoraba a los perros, era particularmente cariñoso con “Blondi” y quedó afectado cuando murió “Fuchsl”. Además, era muy afectuoso con los niños. Es así como podemos tener otra certeza: los vericuetos de la mente humana son un laberinto todavía inexplicable. Los seres humanos somos capaces de cometer los actos más generosos, pero también los más terribles. Aunque parece existe una faceta dominante.
En ese juego político por llegar y mantener el poder, el ex presidente reconociéndose a sí mismo en la retórica política como hijo de la revolución nacionalista de 1910 no tuvo empacho, al igual que Luis Echeverría, en ser informante de la CIA cuando lo creyó útil para subir peldaños en la escalera política.
Lo esencial de la lógica del ejercicio del poder era someter a quien tenía una visión diferente, por cualquier medio: “amenaza, encierro o entierro”. Pertenezco a la generación que nos correspondió vivir esa época. La lectura de este texto fue un destello en la obscuridad. Como un destello es la historia en la realidad presente, porque nos muestra los errores que no debemos cometer desde el ejercicio del poder y como ciudadanos. Ni abuso del poder de unos, ni sumisión de los otros.
Todo el que posee poder tiene la tentación de someter, es el contexto institucional, político y social el que establece los límites de ese poder. Aquel era un ejercicio del poder en una época sin contrapesos, sin límites institucionales. La responsabilidad actual nos exige hacer que las instituciones actúen, para que no haya nuevos disparos en la oscuridad y alejar los fantasmas del pasado. Esa reflexión deja la lectura de este libro.
De cualquier manera, deseo que hayan pasado una feliz navidad y que tengan un próspero año nuevo.

*Profesor UAM-I
@jsc_santiago
http://www.javiersantiagocastillo.com

Vía: ATTIMES.MX

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s