La Consulta Infantil y Juvenil, un programa de educación cívica

Opinión de Javier Santiago Castillo

La Consulta Infantil y Juvenil, por sexta vez, se llevó a cabo el pasado 7 de junio, en el marco de la Jornada Electoral. Este proyecto se concibió desde 1997 para promover y fomentar la educación y cultura cívica entre niñas, niños y jóvenes mediante la organización de “elecciones infantiles” que permitieran acercar a ese segmento poblacional con lo que será el ejercicio de un derecho político fundamental: el elegir a quién les represente.
La Consulta contó con la participación de 2 millones 614 mil 940 niñas, niños y jóvenes y permitió conocer sus percepciones, opiniones e ideas en torno a la justicia y paz en México. Si bien la meta de 3.6 millones no se alcanzó, la votación si fue superior a las de 2012 en alrededor de 200 mil votantes.
Para ello se instalaron 13,302 casillas en 30 entidades -en Chiapas y Oaxaca no se realizó para inhibir riesgos, lo que representó 1,175 casillas sin instalar- y participaron 27,851 voluntarios que se hicieron cargo del desarrollo de los trabajos en las mesas receptoras de votación. Cabe mencionar que si se hubieran instalado las casillas en Chiapas y Oaxaca, el potencial de votantes hubiera sido de alrededor de 400 mil más.
Además se prepararon tres versiones de boletas para tres segmentos de edad, de 6 a 9, de 10 a 13 y de 14 a 17 años, con un lenguaje acorde al nivel y desarrollo cognitivo de cada grupo de edad. Con el fin de permitir que el ejercicio llegará a más sectores de la población, las boletas se tradujeron al sistema de lectura Braille y a diversas lenguas indígenas: Maya, Purépecha, Mayo, Náhuatl del Centro Alto y Otomí.
Frente a las perspectivas que han tenido una lectura negativa de la Consulta, considero que, si bien son reconocibles y subsanables las deficiencias, no debemos perder de vista que el objetivo de estos ejercicios es fomentar el desarrollo de una educación y cultura cívica democrática, incluyente y promotora de los derechos políticos y ciudadanos, y no un simple cumplimiento de metas numéricas que hagan a un lado los logros cualitativos. Lo anterior, es aún más relevante en un escenario en que el sistema de educación básica, tanto pública como privada, ya no imparte materias relacionadas con la formación cívica y ética.
Por ello, la autoridad electoral nacional debe sumar esfuerzos con sus pares en las entidades federativas para impulsar la creación de programas y políticas que fomenten e impulsen una educación cívica democrática y participativa. Experiencias positivas de ello están en proyectos como el Modulo Infantil del INE, dentro del parque Kidzania, un espacio en el que, a través de actividades lúdicas, se difunden y practican los valores de la democracia; y la amplia gama de acciones educativas que se ofrece en las entidades. Por ejemplo, las acciones del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF)  mediante su Ludoteca Cívica Infantil (LUCI) orientadas a la intervención pedagógica y lúdica, en favor de la educación cívica.
Las acciones que realizamos han tenido el propósito de contribuir a la construcción de una ciudadanía participativa e informada de sus derechos políticos. No debemos perder de vista que la educación cívica, más que políticas y programas aislados, debe ser una política de Estado encaminada a fortalecer, no sólo la participación de los ciudadanos el día de las elecciones, sino de forma directa y permanente en los asuntos públicos.

*Consejero Electoral del INE/
Profesor UAM-I
@jsc_santiago
http://www.javiersantiagocastillo.com

Vía: La Crónica de Hoy

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