Gobiernos de coalición y aprendices de brujo

Nuestra clase política parece vivir en un permanente estado de hipnosis colectiva. La idea de un gobierno de coalición tiende a repetirse y se hace cada vez más atractiva, al grado de pasar por alto las dificultades de su implantación e, incluso, sus indefiniciones conceptuales.
Algunas voces apuntan que los resultados electorales de los tiempos recientes conducen a que se constituyan gobiernos a partir de un respaldo ciudadano que no alcanza el 50 por ciento del electorado, como si eso no correspondiera a un sistema de mayoría relativa. Otras opiniones indican las disfuncionalidades derivadas de gobiernos divididos, en los que el Ejecutivo no cuenta con la mayoría del Legislativo o ésta es magra. Otras más ven en los gobiernos de coalición una alternativa para matizar el presidencialismo imperante y propiciar una más equilibrada relación entre poderes. Por supuesto no faltan los deslumbrados que apuestan al parlamentarismo simple y llano.
El Artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dispone que “XVII. En cualquier momento, (el Presidente de la República podrá) optar por un gobierno de coalición con uno (¿uno?) o varios de los partidos políticos representados en el Congreso de la Unión. El gobierno de coalición se regulará por el convenio y el programa respectivos, los cuales deberán ser aprobados por mayoría de los miembros presentes de la Cámara de Senadores. El convenio establecerá las causas de la disolución del gobierno de coalición.”
En los sistemas parlamentarios, los gobiernos de coalición se construyen de manera natural. El diseño institucional favorece la construcción de acuerdos de gobierno coyunturales, de mediano o largo plazo. En Gran Bretaña, durante la primera y segunda guerras mundiales, así como en 2010 de conservadores y liberales; Alemania es el caso más connotado reciente, en el que coaliciones entre CDU, CSU, SPD han gobernado durante tres lustros, desde 2013. En Chile, la concertación por la democracia gobernó durante dos décadas; sus integrantes lograron acuerdos que no sólo produjeron gobiernos estables, sino que encontraban eco y respaldo en la acción legislativa, cuestión nada sencilla en un régimen presidencial.
Las coaliciones exitosas se han sustentado en programas económicos sociales y políticos sólidos. En nuestro país, en cambio, la idea de la coalición pareciera estar fraguada desde el ámbito puramente electoral. Si bien se habla de coalición de gobierno, lo cierto es que, más allá del discurso político, las baterías se enfocan en derrotar al PRI y/o a Morena. Hay una clara deficiencia conceptual al reducir la coalición de gobierno a una mera coalición electoral, como las muchas que han contendido en los procesos electorales de los últimos treinta años.
Pareciera olvidarse lo fundamental: el programa. Desde los años noventa, sentó sus reales una visión de política económica y social, a la que no calificaré para no desatar a los demonios del pensamiento único. Según cifras de un estudio de Julio Boltvinik y Araceli Damián, el 84.3% de la población padece pobreza por ingresos. El debate sobre un posible gobierno de coalición no puede evadir un pronunciamiento sobre esa lacerante realidad y la acción de gobierno que demanda. De eso precisamente trata una propuesta de gobierno, no de consignas mediática y electoralmente impactantes. Pero no se ve ningún esfuerzo serio de reflexión entre los partidos y entre los promotores de los gobiernos de coalición, Hay voces, pero son aisladas.
Así que la propuesta sobre los gobiernos de coalición como alternativa para el logro de una mejor gobernanza, la eficacia de la acción pública y la reconstitución positiva de los vínculos entre poderes y de éstos con la sociedad, aún está en los prolegómenos, aún requiere desarrollo. En principio, la idea parece muy atractiva, pero de no precisarse, de no hacerse cargo del entramado institucional y del país concreto al que se aplicará, de reducirse a una simple coalición electoral, se convertirá en obra de aprendices de brujo. Y ya sabemos cómo termina esa historia.

*Profesor UAM-I
@jsc_santiago
http://www.javiersantiagocastillo.com

Vía: ATTIMES.mx 

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