La designación de consejeros del INE. Un asunto de Estado y legitimidad

La realidad política es como es. No es ningún secreto que la designación de consejeros del otrora Instituto Federal Electoral (IFE) y del actual Instituto Nacional Electoral (INE) se ha hecho por cuotas y lo seguirá haciendo. La cuestión está en la forma cómo se construyen y la funcionalidad sistémica que cumplen.

Las aguas turbulentas de la elección de 1988, afectaron la legitimidad del régimen e impulsaron reformas que crearon el IFE. En el año de 1990, se logró la conformación de un cuerpo colegiado integrado por el secretario de Gobernación, quien lo presidía, seis representantes de los partidos políticos, cuatro miembros del Congreso, y seis Consejeros Magistrados, —propuestos por el Presidente de la República y designados por la Cámara de Diputados— todos ellos con voz y voto. Y, en efecto, las cuotas resultaron un instrumento necesario.

La incorporación de los Consejeros Magistrados no pretendía simplemente abarrotar un cuerpo colegiado, mediante cuotas; en el fondo, la distribución de las mismas, se convirtió en un eje importante para dotar de legitimidad al nuevo modelo.

Dado el contexto político y social de ese entonces, la legitimidad en el campo electoral era fundamental para la estabilidad del país. Existía entonces una visión de Estado que permitió al IFE operar un modelo funcional y con equilibrio político.

Para 1994, la necesidad de consolidar la legitimidad y credibilidad del proceso electoral, trajo consigo una nueva reforma electoral. Los Consejeros Magistrados fueron reemplazados por Consejeros Ciudadanos, propuestos y aprobados por el Congreso de la Unión. Además, se retiró el voto de los representantes de los partidos. Los abogados cedieron el turno a personas con distintas profesiones.

Al continuar privilegiando la visión de Estado, el nuevo esquema permitió mantener la legitimidad, además de darle una pluralidad más acentuada al órgano máximo de dirección. La búsqueda de perfiles idóneos para desempeñar con probidad e imparcialidad del cargo encomendado, siguió siendo un asunto de vital importancia.

El sistema de cuotas siguió teniendo vigencia, pues obedecía al equilibrio de las distintas fuerzas partidistas dentro del Congreso. En 1996, los Consejeros Ciudadanos fueron reemplazados por Consejeros Electorales, dotándolos de una mayor responsabilidad política.

Sin embargo, para 2003 este esquema mostró signos de agotamiento. La conversión del sistema de cuotas en un juego alejado del equilibrio político y la visión de Estado, así como la desestimación de la pluralidad de características de los consejeros, son factores explicativos de ello.

Las cuotas se tornaron disfuncionales y, hoy, parecieran buscar un simple cambio de piel al articularse con grupos políticos informales, supuestamente asépticos, que subrepticiamente intervienen en el proceso de designación, sin representatividad social y sin pagar costos políticos.

En mi experiencia como consejero presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF), puedo decir que la composición del Consejo amalgamó un esquema de tres puntos esenciales: ideológico, político y disciplinar. Los integrantes de aquel órgano colegiado éramos un economista, un economista en ciernes, un administrador público, un periodista de oficio, dos politólogos y un sociólogo. Todos con convicciones políticas claras y diferenciadas.

Esta conformación plural permitió consolidar una institución que cumplió con los objetivos de ser autónoma y moderna, no sólo a pesar de las diferencias de visiones y opiniones, sino incluso gracias a éstas. Creo que nuestra diversidad logró articularse con la conciencia compartida respecto de la responsabilidad encomendada.

Hoy, en el INE, la pluralidad disciplinar resulta tenue. Hay siete abogados, un politólogo, un administrador público, un economista y un sociólogo. Tal vez haga falta enriquecer al Consejo General, con perfiles que acrediten trayectorias profesionales más diversas y propuestas de trabajo orientadas por distintas visiones del mundo que permitan ampliar el debate electoral e institucional.

Desde mi perspectiva, para ejercer el cargo de consejero electoral del INE se requieren experiencia administrativa a nivel directivo, conocimiento y convicción sobre el quehacer a desarrollar, y capacidad política, que no necesariamente implica algún tipo de militancia partidaria, aunque no debiera excluirse.

Y aunque la edad no lo es todo, no sobra decir que es necesario que cuenten con camino andado. Hay consejeros de institutos electorales locales que pretenden participar sin haber cumplido siquiera la mitad de su mandato ni haber madurado en el ejercicio del cargo. Puede haber excepciones, pero debemos ser sensibles al rechazo social hacia los llamados “chapulines”. No generalizo ni descalifico, simplemente creo que la madurez emocional y política resulta indispensable para resistir presiones, tener claridad de rumbo, y tomar decisiones elevando la mirada, con una visión de Estado.

Lo mismo reza para el relevante tema de género. La ley no marca cuotas ni paridades. No es un debate de sexos sino de cualidades profesionales y de compromiso con una agenda de género orientada a la igualdad sustantiva, cuya promoción no está ni debe estar en las solas manos de las mujeres.

La búsqueda de perfiles idóneos no significa la búsqueda de ciudadanos que carezcan de una ideología o preferencia política; quienes se asumen como “puros”, en casi cualquier campo de la vida, son una gran incógnita que suele traducirse en intransigencia, poco propicia al acuerdo y al desacuerdo razonado que exige este tipo de cargos. Lo reprochable no es la ideología, sino la renuncia al ejercicio del criterio propio debido a compromisos que no son los de la función pública.

Así que la pluralidad a que me refiero tiene que ver con visiones, formaciones y trayectorias. Si éstas prevalecen por sobre la simple y llana aritmética de los grupos parlamentarios, tal vez las cuotas expresen un genuino acuerdo político sobre la idoneidad de los propuestos y, con ello, la designación contribuya a fortalecer la legitimidad sistémica y a la gran institución de la que formarán parte.
@jsc_santiago
http://www.javiersantiagocastillo.com

Vía: La Crónica

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