Mesa de Gobernabilidad en Guerrero

Chilpancigo 21 de abril de 2015-Javier Santiago Castillo

Algunos filósofos afirman que toda verdad es relativa. Pero la vida social y política nos muestra que, lamentablemente, hay verdades irrefutables. En este caso la primera es que en el estado de
Guerrero existe un rezago social y económico significativo, que ha afectado a la estructura del tejido social. La segunda es que la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, no sólo ha traído dolor a sus padres familiares y amigos, sino que se convirtió en una afrenta social que ha dejado una herida a la Nación. Sobre todo porque la delincuencia organizada no puede existir sin complicidades en la estructura del Estado. Si hay que decirlo, si hay que aceptarlo, porque tenemos que combatirla donde se encuentre, para que nunca más los padres lleven a sus hijos.

Esta delicada situación nos obliga a todos. Los diferentes niveles de gobierno, organizaciones sociales y de manera relevante a los partidos políticos a buscar las vías que restañen las heridas. En México durante muchos años el voto no fue efectivo. De múltiples maneras se desvirtuaba la voluntad popular. Transitar a la democracia fue un largo y sinuoso camino donde dejaron la vida muchos conciudadanos y conciudadanas.

Hoy los mexicanos vivimos una democracia con debilidades, pero es el régimen político que los mexicanos decidimos para dirimir nuestras diferencias políticas y para que los ciudadanos accedan a los puestos de elección popular. La renovación de los poderes públicos por medio de las elecciones es el motor de la democracia, que permite a los ciudadanos juzgar la actuación de los gobernantes. Y por medio del voto refrendar o retirar el apoyo a los diferentes partidos.

Por lo anterior es responsabilidad de todos. Gobierno federal, local, organizaciones civiles, ciudadanos y partidos políticos, sobre todo estos últimos abonar a que las elecciones se realicen normalmente. Existen voces que demandan la suspensión de las elecciones, es respetable su postura, pero lo que no es éticamente justo, ni correcto es que se pretenda impedir el sufragio de quienes si desean participar en la elección de sus gobernantes.

Estamos aquí para confirmar la voluntad institucional de cumplir con la obligación que la Constitución establece para las autoridades electorales de organizar las elecciones, pues es el único camino para lograr la transmisión legal, legítima y pacífica del poder.

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