La comunidad indígena de Hueyapan, Morelos, vive una situación difícil y compleja. El 8 de marzo, después de una mesa de diálogo fallida, convocada por el gobierno del estado, un grupo de pobladores vinculados a actores políticos internos y externos a la comunidad, interceptó en calles de Cuernavaca a integrantes del Concejo Municipal y del Concejo Mayor, los golpearon, destruyeron los autos en que viajaban, y los subieron a transportes oficiales los secuestraron. Personal de seguridad del estado de Morelos montó un operativo y detuvo a los actores en la caseta de Tepoztlán, liberó a las personas raptadas, recuperó los vehículos oficiales y detuvo a 16 personas. Lo sucedido ha generado confusión y división entre los habitantes de Hueyapan.
La pobreza es un fenómeno tan antiguo como la sociedad misma. A lo largo de la historia las élites han incrementado su riqueza propiciando la depauperización de amplios sectores de la población. En las sociedades contemporáneas este fenómeno es complejo, porque en diversos momentos de su evolución ha llevado a situaciones de disrupción social que han afectado la estabilidad sistémica. El día de hoy la extensión de la pobreza preocupa a ciertos sectores de las élites desde una perspectiva moral y no como un asunto de justicia.
La aparición de diversas vacunas no ha terminado con la incertidumbre colectiva ante la pandemia. Los grandes laboratorios y los países ricos acaparan las vacunas. Los primeros con la intención de acrecentar sus ingresos, incumpliendo compromisos contractuales y los segundos, porque los gobiernos desean vacunar primero a sus connacionales. Los afanes de lucro desmedido motor de la economía de mercado y los intereses políticos, una vez más ocasionan más daño a los que menos tienen. Es temprano para tener un diagnóstico preciso de las repercusiones sociales del Covid-19, pero con los datos y proyecciones de instituciones internacionales y nacionales nos percatamos del posible perjuicio a los países en vías de desarrollo.
Las comunidades originarias han sobrevivido a la conquista, a la colonia, a los liberales, a los conservadores, a los revolucionarios, al régimen autoritario, a los neoliberales y algunas comunidades, en Oaxaca y la península de Yucatán, se están enfrentando a la 4T, por la construcción de los grandes proyectos del sexenio.
El fin social de la política es buscar el beneficio de la población. Indagar la coherencia en el ejercicio del poder es un sendero pedregoso e inescrutable que se extravía en los laberintos de los egos, intereses personales o de grupo. La atención o desatención de la pandemia se ha convertido en una carta en los juegos de poder global y nacionales; en contra parte muchas buenas voluntades “intentan hacer el bien sin mirar a quien”. La guerra fría del pasado no remoto ha encontrado un nuevo nicho para incrementar la temperatura a las desavenencias entre las grandes potencias: la búsqueda del predominio científico. Para llegar a este punto debemos tener presente el proceso globalizador que ha transitado a lo largo de los siglos, a través de la conquista de unos pueblos por otros, el colonialismo europeo del siglo XIX, la hegemonía estadounidense durante el siglo XX, el surgimiento de China como Potencia económica. Desde el ámbito económico se inició con la expansión comercial desde la edad media, la transnacionalización del capital a partir el siglo XIX, el boom de las comunicaciones de la era digital comenzando a fines del siglo XX.
El saldo de la situación vivida por el país, y el mundo, en 2020, está dejando marcas indelebles entre la población. La superación de los daños en salud, economía, seguridad y educación son retos a superar que no se lograrán en el corto plazo. El 2021 debe ser el año de atender lo urgente, sin olvidar colocar firmes cimientos para atender las ingentes necesidades populares.
Las constituciones regulan el poder político, las formas de acceso y ejercicio de ese poder, establecen la forma de gobierno las atribuciones y límites de los poderes del Estado y los derechos de los ciudadanos. En el caso de la Constitución mexicana también existen regulaciones sobre el poder económico y religioso, pero, sobre todo la distingue la presencia de los derechos sociales.
Si nos atenemos a la definición de élite: “minoría selecta o rectora”, la actividad política es una pirámide que culmina en una elite. Dos de los grandes retos de la democracia a lo largo de la historia moderna ha sido acotar el poder de ese selecto grupo de personas, que, al permanecer largo tiempo en los cargos de elección popular, muchos de ellos, tienden a buscar el goce de privilegios mal habidos y, por otro lado, el otro teto es el de incrementar la participación ciudadana en la toma de decisiones de interés general.
Profesor UAM-Iztapalapa. Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral 2014-2017. Presidente del Instituto Electoral del Distrito Federal 1999-2006.